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lunes, 6 de junio de 2011

Dos semanas

Me río. Me río de ti y de mí. De nuestra imagen en mi cabeza. De una sonrisa de niña en mi cara.

Mientras las gotas siguen golpeando el cristal vuelvo a plantearme el verano por enésima vez. Algo distinto, con las agujas y los relámpagos de dolor bajo llave en un cajón. Imagino eternas salidas en bípeda, mañanas de río y caminos, tardes de cerveza o café. Las noches de salsa y de vida. También imagino trabajo. Toneladas de cosas que hacer frente al ordenador. Pero también trabajo personal. Trabajo de escritora (qué ilusa). Creatividad. Y riesgo.

No sé arriesgarme. No para esto. Seguiré escondida entre mi jersey de gigante y mis coletas infinitas. Pensaré que no pasa nada. Y tú también lo harás. Así, por lo menos, uno de los dos puede marcharse tranquilo.



"Es capaz de nadar en el mar más profundo. Igual que un superhéroe de salvar el mundo. "



sábado, 11 de diciembre de 2010

Paranoia

Últimamente me persigue esa jodida y asquerosa sensación de que, al final, y pese a todo, estoy sola. No he parado de preguntarme el porqué, y aún así no consigo dar con una teoría que explique con cierto grado de exactitud qué estoy haciendo con mi vida ahora mismo.

A lo largo tu existencia vas "acumulando" cientos de miles de conocidos (algunos más, otros menos) que te acompañan en tu viaje. Estoy bastante sorprendida, porque he echado la vista atrás y resulta que no hay nadie que merezca la pena (bueno, nadie nadie, no, pero menos de los que esperaba). Y es curioso, porque yo sí estuve para recoger a alguno que otro que tropezó, para darle un poco de mi bocadillo a aquél que tenía hambre, o para darle conversación y apoyo a quien lo pidiera.

No es un post para que me coronen mártir o buena samaritana, ni mucho menos. Es una reflexión algo más profunda acerca de todas las cosas por las que me pareció justo luchar, y que finalmente no lo fueron. Es algo así como una retrospectiva de mis mejores y mis peores momentos... un balance indefinido donde parece ser que salgo perdiendo.

Así que, aquí estoy, ante un universo de ensalada de tomate, preguntándome por qué hoy no quise pisar la calle ni coger el teléfono cuando sonó. Me siento decepcionada, y no sé con quién. Me da miedo pensar que soy yo el motivo de tal desencanto, pero como es sábado y no tengo ganas de filosofar... mejor me meto de lleno con la ensalada.

Buenas noches.




miércoles, 13 de octubre de 2010

Pido disculpas.

Otra vez. Vuelves a colgar. Me quedo mirando el teléfono con cara de estúpida y lo único que se me ocurre es pulsar el botón de rellamada. Y vuelves a colgar. Y si insisto, lo apagas. Ha pasado mucho tiempo ya entre llamada y llamada, y después de cuatro gritos y muchas lágrimas, me he decidido. Aquí termina todo.

Esta no era, de ninguna manera, la entrada con la que pensaba abrir una nueva etapa en este blog. Las circunstancias, tarde o temprano, terminan por hacerse un hueco entre los planes, y no queda más remedio que afrontar la situación y tomar medidas. Ahora mismo no tengo ganas de explicar el motivo de tan larga ausencia, ni de deshacerme en descripciones de lo maravilloso que ha sido mi verano.

Mi verano ha sido un asco. No he hecho nada de lo que me habría gustado hacer. Lo único a lo que he aspirado es a participar en reuniones interminables de "amigos" fracasados que pierden su tiempo entre tabaco y videojuegos. Y yo contenta por poder estar con la persona que creí adecuada, compartiendo sus aficiones y sus gustos... Qué ingenua soy, sacrificando mis propios deseos por alguien que no sabe dar ni las gracias.

Sé que este post suena a despecho, a rabia, a ira. Y sí, habéis acertado. He dejado que pasen por encima de mí mil y una veces, rogando por que fuera la última. Me siento estúpida. Yo, que tan fuerte me creía, que tantas veces he aconsejado a mis amigas sobre lo que deben y no deben hacer con sus vidas... Me está bien empleado, por gilipollas. No pretendo (ni quiero) que nadie se apiade de mí. Basta ya de "pobrecita" y demás lamentos.

Después de descargar mi furia contra el teclado, llega el momento que he estado temiendo durante estos últimos minutos. Aquí viene el arrepentimiento, con su manto de humillación y malos sentimientos que pretende obligarme a recapacitar y a arrastrarme una vez más. Creo que va a volver a conseguirlo, a no ser que saque fuerzas de donde no las hay y cierre la puerta definitivamente a este malestar continuo que me acompaña desde hace meses.

No sé qué voy a hacer. No tengo valor para apostar por mi fuerza de voluntad. Carezco de las agallas necesarias para plantarme ante el mundo y decirle lo que odio de él. Sé que estas líneas se quedarán en nada, y volverán a ser el reflejo de una rabieta de niña pequeña que no tiene lo que quiere.

Confío en que, tarde o temprano, llegue mi momento. Espero madurar de una vez y poner por delante lo que siento sin pensar en otra cosa. Ojalá sea capaz esta vez de no mirar atrás. Estoy confusa, y eso no es bueno. Ahí va otra señal inequívoca de que mi voluntad va a doblegarse en menos que canta un gallo.

Una lástima, sí, pero yo me lo he buscado.

Vuelvo a llamar. Insisto, me desespero pulsando números en el teléfono que consigan darme una respuesta... y no contesta nadie. Debería dejarlo, pero voy a volverlo a intentar.


martes, 20 de abril de 2010

On the rocks

La botella dejó de estar medio vacía. Ahora ya no había nada. Tras su diaria ingesta de alcohol, tuvo ánimos para salir a la calle. No se sorprendió de la facilidad con la que consiguió salir del ascensor. Parece que el vodka daba fuerza a sus pasos y ligereza a su cabeza.

Hacía sol, un sol de justicia. Las personas con las que se cruzaba aparecían como manchas difuminadas entre las fachadas de los edificios. Estaba buscando algo, pero no lo encontraba. Se paró en seco. Sus gafas de sol ocultaban sus ojos plagados de miedo y angustia.

Echó a correr. Perdió un zapato, pero no miró atrás. Las piedras se le clavaban a cada paso que daba, y terminaron por hacerle una herida en el talón. Ahora sus huellas eran algo más que polvo, ahora había sangre.

Llegó a su destino. Ahí estaba. Lo vio, sentado, con su cigarro en la mano y su mirada perdida. Comenzó a acercarse a él con la mejor de sus sonrisas. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que él no estaba solo. Una princesa de cuento se había colado en su historia. Y estaba dispuesta a llevarse a su príncipe.

La vuelta a casa fue más tranquila. Dejó de cojear. Había terminado por quitarse el otro zapato y echárselo al bolso. Paró en el supermercado de la esquina para comprar otra botella. Pero esta vez decidió que se merecía un buen whiskey.

Subió a casa. Se quitó las gafas de sol y el vestido. Odiaba los vestidos. Odiaba el alcohol. Y odiaba el amor. Pero a todo había que echarle un par de hielos. O no.


martes, 6 de abril de 2010

Zapatos de charol

Estoy a punto de darme por vencida. Sé que sólo es una mala época, y que luego saldré adelante y podré con todo esto y más, pero la situación actual me está tocando bastante las narices. A pesar de que estoy contenta con el ambiente de clase, sigo sin tolerar algunas situaciones. Un ejemplo es el que está ocurriendo ahora mismo: estamos en plena clase de radio, y algunas de mis compañeras han decidido comprobar si su presupuesto les alcanza para adquirir los últimos modelos de sandalias anunciadas en VOGUE.

Que sí, que yo estoy aquí escribiendo en el blog y tampoco me entero de mucho, pero luego llegan las prácticas y me pongo al día rápidamente trabajando como la que más. El problema es que luego la mayoría algunas de estas queridas compañeras andan más perdidas que un pulpo en un garaje, y perdemos minutos valiosos de trabajo. Para colmo de males, las niñas de papá tratan de imponer su criterio sí o sí, pase lo que pase y pese a quien pese. Y tú no puedes ni rechistar.

Lo que más malo me sabe es que después de tantos días sin actualizar voy y les dedico una entrada. Que conste que la he borrado un par de veces, y he cambiado párrafos enteros sin saber exactamente a dónde quiero llegar. Pero ellas siguen mirando el Vogue. Y afirman que los zapatos de la nueva línea en colores pastel son de "choni" y que no piensan comprárselos. Bueno, es un descanso para la tarjeta de papá.

¿Llegarán a hacer algo útil en su vida? Me refiero a algo más que plancharse el pelo y pintarse las uñas. En el fondo no quiero ser tan mala y tan asquerosa, pero es que me ponen de los nervios. Entran en clase gritando, tirándose agua y persiguiéndose por las mesas. Ah, pero luego son las más maduras de la clase. Lo que me faltaba por oír... a ver si se caen ya del nido y se pegan un buen guarrazo contra el duro y frío suelo de la realidad, que no les vendrá mal.

Las cosas no me están saliendo muy bien, ando de cabeza con las prácticas y mi estado de salud ha empeorado hasta límites insospechados... Tan solo espero no perder la esperanza. Aunque nadie se lo crea, sigo intentando ponerme en pie a pesar de las contínuas decepciones. Cada día me cuesta más, pero es que luego llego y veo a estas niñas tan "cuquis" y se me cae la cara de vergüenza. De hecho, las envidio. Envidio su felicidad contínua, sus ganas de ir de compras y su despreocupación total por su carrera y su futuro laboral.

Bueno, pensándolo mejor... igual sí que les preocupa su futuro. Seguramente también sueñen con ser grandes profesionales de la comunicación, con escribir un libro o con llegar a hacer algo por lo que sean recordadas. Ésos son algunos de mis sueños. Si os soy sincera, espero que los suyos se cumplan también, pero que no sea por llevar esos zapatos nuevos tan monos que han visto en el VOGUE.

domingo, 7 de marzo de 2010

No me da la gana

No me apetece seguir poniendo buenas caras. Me canso de fingir que todo va de perlas y que la gente es maravillosa. Es mentira. Una gran mentira.

Detesto los intereses ocultos de la gente. No soporto que muestren sólo una cara, que me engañen, que me hagan creer que son de una manera y en cuanto me doy la vuelta...

Sí, no tiene otro nombre. Es interés. Puro y duro. Y encima, no puedes decir nada, para mantener el buen rollo y esas cosas. Pues oye, hasta aquí hemos llegado. Me da igual si "rompo el buen ambiente de la clase" o si acabo pareciendo una borde, pero a mí no me tomáis más el pelo.

¿Qué es lo que quieres? ¿Qué buscas aquí? ¿Estás en la universidad porque te aburres de pegarte las mañanas pintándote las uñas? Pues oye, vete al parque a dar de comer a las palomas, pero dile a tu papi que emplee mejor su dinero porque aquí no hay equipo de animadoras.

Sinceramente, para hacer lo que haces, quédate en casa. Me parece estupendo que tengas actualizadísimas todas y cada una de tus redes sociales (ah, se tienen que poder poner fotos, que si no, "cuqui", no te aumentan las visitas). Mira, monada, si tienes el encefalograma plano lo siento mucho por ti, pero deja al resto de la gente responsable en paz y dedícate a otra cosa (pero por favor, en un sitio donde no molestes con tus risitas descontroladas).

Encima, para colmo de males, vendrás de nuevo a que te explique las cosas porque "no lo has entendido".  ¿Que no lo has entendido? ¡PERO CÓMO SE PUEDE TENER TANTO MORRO! Lo que a ti te pasa es que has estado dale que te dale a los privados del Tuenti, subnormal. Me dan ganas de estamparte la carpeta en la cabeza y mandarte a tomar viento fresco, pero como soy idiota, no lo hago. Sonrío, me siento, respiro y pierdo mis 20 minutos de almuerzo enseñándote a usar funciones tan maravillosas como "justificar" en el Word. Sí, así es la vida queridos, dejo que me traten de tonta por no discutir.

Lo pienso, y sé que hacer eso es ser más tonta todavía, pero nunca he sido una persona conflictiva (ni valiente). Lo sé, lo sé, debería de dejar las cosas claras y dedicarme a lo mío, pero llega el momento y... acabo cogiendo la vía diplomática.

Luego vengo aquí a quejarme. En el fondo me gusta quejarme. Y a ti plancharte el pelo e ir de compras. Qué gran putada.

Dedicada a todas mis compañeras (dos, especialmente) que sufren conmigo en silencio =)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Dos

Hoy. Un día como hoy, pero hace dos años. Y te fuiste. Sin avisar, sí, pero el caso es que te fuiste. No voy a decirte que me abandonaste, porque no es cierto, pero tampoco voy a negar que me sentí muy sola. Después de las lágrimas y el dolor, abrí los ojos. Me di cuenta de que, en el fondo, tampoco estabas tan lejos. Habías dejado algo muy importante y, afortunadamente, lo habías dejado dentro de mí.

Mis ganas de escribir, mi pasión por el periodismo... creo (o eso dicen) que lo llevo en las venas, y sé que eso es cosa tuya. Aún recuerdo cuando me enseñabas tus cartas al periódico, las instancias en el Ministerio que tanto bien han hecho por los tuyos... ¿Sabes qué? Te admiro. Te admiro muchísimo. Soy como soy gracias a ti, y también estoy orgullosa de eso.

Últimamente las cosas no han ido como yo esperaba, pero poco a poco iré saliendo adelante, y te aseguro que, en parte, será gracias a ti. A lo largo de mi vida me voy encontrando con obstáculos, pero no puedo negar que también aparecen formas maravillosas de salvarlos y continuar con mi camino. Me gusta pensar que tú tienes algo que ver con eso, y mi corazón sonríe.

Tengo el cuaderno amarillo (sí, donde escribo ideas para nuevos post) hasta arriba, pero no consigo centrarme y escribir algo con sentido. Sinceramente, esta entrada no creo que esté a la altura de lo que tú te mereces, pero prometo que más adelante volverá a volar el bolígrafo sobre el papel y llenaré este blog (o cualquier libreta que encuentre) con palabras que salen de lo más profundo de mi corazón.

Te echo de menos, abuela, pero sé que sigues conmigo. Gracias por ser parte de mi inspiración, por inculcarme valores que me hacen mejorar cada día, y por haber dejado parte de ti en mí. Te quiero.


lunes, 11 de enero de 2010

Por favor...

Todavía eres demasiado pequeña para darte cuenta del porqué, pero ahora debes escucharme, si es que puedes. Las cosas se han puesto algo complicadas, pero eso no quiere decir que debas darlo todo por perdido. Te quedan unos días más para luchar, a partir del miércoles habrás dejado atrás muchos peligros y te será más fácil continuar, por eso te pido que aguantes un poco más.

Aunque el camino sea duro, aunque no te queden fuerzas, agárrate a la vida con tus finos y delicados deditos que aún tienen el tamaño de un grano de arroz. Te queda mucho por ver pequeña, mucha gente a la que conocer. Hay muchas lágrimas que derramar, y un sinfín de sonrisas con las que iluminar los días de los que te rodean (especialmente los míos).

Quiero verte crecer, aunque sea desde lejos. Quiero ir a visitarte cada año y ver como aprendes cosas nuevas. Quiero que me enseñes tus juguetes, que me cuentes historias, que dejes que te peine y te lleve de paseo. Quiero poder llamar por teléfono a mi familia y que un día seas tú la que me contestes, transmitiéndome toda la energía y la vitalidad que sé que tienes.

Rezo por ti cada noche. Pido al cielo que sigas adelante, que no nos abandones, que te quedes aquí para que podamos darte todo nuestro cariño.

Sólo pido ese favor. Haz un esfuerzo, Paloma, sigue adelante. Te quiero (y más que te voy a querer si te quedas aquí).



martes, 8 de diciembre de 2009

Perdida

Ha sido una de esas semanas en las que se te viene el mundo encima. A lo mejor debería de decir que ha sido uno de esos meses, pero los momentos buenos y los malos se entremezclan de forma algo confusa, y ya no puedo distinguir qué color predomina, está todo bastante gris.

Me siento como si estuviera en mitad de un bosque y no supiera qué camino seguir. La noche cae poco a poco, el frío se hace más intenso y comienzo a tener miedo. Aún así, sigo sin encontrar la salida. Es todo demasiado difícil, y comienzo a desesperarme.

Os juro que lo intento. De verdad. Yo quiero salir de aquí, quiero volver a esas tardes soleadas donde no me preocupaba nada y donde la risa se llevaba mis más oscuros pensamientos. Estoy completamente bloqueada, y muy muy asustada.

La firme línea que marcaba el horizonte se está borrando, y ya no sé dónde termina esta etapa ni cuándo comienza la siguiente. Paso tras paso mis esperanzas se agotan, como si ya no quisieran estar conmigo y ellas también me abandonaran.

No comprendo cómo he llegado a este punto, no le encuentro explicación. Me duele todo, hasta lo más profundo de mi ser, y ni siquiera el dolor me hace reaccionar. No encuentro el primer peldaño de la escalera que me saca de este pozo, y cada vez veo menos luz.

¿QUÉ HAGO AHORA?




Gracias por la llamada, gorgonita. He encontrado un gran apoyo donde menos lo esperaba, y me siento mucho mejor ahora. Siento ser tan pesimista, tan sólo estoy tratando de econtrar mi lugar en este mundo tan complicado.

martes, 1 de diciembre de 2009

Fragilidad de espíritu

Semana dura. En realidad todas lo son, en mayor o menor medida. O eso es lo que creo yo (sí, comprobado empíricamente).

Ayer mi profesor de Historia Universal nos habló sobre el pesimismo. Afirmó varias veces que era un mal común en la sociedad, y una enfermedad muy contagiosa. Sugirió encarecidamente que deberíamos alejarnos de personas así. Esto último me hizo pensar... ¿cómo puedo alejarme de mí misma?

No siempre ha sido así, no llevo toda la vida en esta situación. Supongo que me di cuenta del problema demasiado tarde, cuando los vínculos emocionales con determinadas personas eran demasiado fuertes. Fue entonces cuando, una a una, desaparecieron de mi vida llevándose mi alegría consigo. Realmente no fueron tantas, pero dolieron como miles.

Así es como se desdibujó mi sonrisa. Ahora río también, pero con menos fuerza. Pretendo que no me afecte, aunque creo que se ha metido tan profundamente en mi interior que ya no voy a poder sacarlo. No quiero rendirme, pero me cuesta tanto seguir... Sé que hay muchos motivos para hacerlo, y muy buenos, pero ¿habrá alguno que pueda equipararse (o al menos intentarlo) a aquéllo que ya perdí?

A veces me parece demasiado absurdo escribir estas cosas, y más aún cuando hay personas suscritas a este blog que leen las actualizaciones. Me resulta raro compartir de una forma tan simple estos pensamientos tan profundos. Podría escribir de temas sencillos, sin relevancia alguna para mí, pero me siento incapaz. Quizá os parezca una visión demasiado negativa, pero es la mía (aunque sigo teniendo fe en ir cambiándola, aunque poco a poco).


Un afectuoso saludo a los lectores del blog, todos conocidos y muy estimados. Gracias.